Rafael Cortijo

Rafael Cortijo Verdejo nació
el 11 de diciembre de 1928 en la Calle Colón de la parada 21
abajo, en Santurce, Puerto Rico. Desde niño mostró habilidades
especiales para la música y ya, a los nueve años, tocaba
un bongó hecho de lata de leche Klim que le fabricó
su primo.
Así fue aprendiendo
con otros compañeros músicos en talleres improvisados
y en rumbas callejeras, sin realizar nunca estudios de música
formales.
Su familia lo castigaba porque no quería hacer otra cosa
que tocar su "bongó" en los bailes y fiestas del
vecindario cangrejero.
Un día su padre le regaló una guitarra que nunca
habría de tocar, pues lo que le interesaba era la percusión.
Casi siempre lo espantaban de los toques de bomba y plena, pero
él regresaba y se colaba con sus tamborcitos de latas de
manteca vacías, hasta que a la larga le enseñaron
algunos trucos.
Una tarde, tocando con Miguelito Valdés "Mr. Babalú",
éste le dijo que su estilo con la tumbadora era único
y eso lo envalentonó. Continuó dándole duro
a los cueros y pronto llegó a acompañar al Trío
Matamoros en la vieja emisora WNEL.
De joven transitó por varias agrupaciones musicales, entre
éstas el Conjunto de las Hermanas Sustache, el Grupo de Monchito
Muley, la Orquesta de Parques y Recreos, la Sonora Boricua, Miguelito
Miranda, Frank Madera y el Grupo de Mario Román.
Formalmente incursionó en la música en 1942 como
bongocero del Conjunto Monterrey, de Juan Palm (Mentokín).
Posteriormente ingresó a la Sonora Boricua, pero debió
abandonarla para cumplir con el ejército norteamericano,
dejándole el espacio suplente a un amigo, el cantante Daniel
Santos.
Su gran oportunidad surgió en 1954 mientras se desempeñaba
como conguero en el combo del pianista Mario Román, en el
sector de la Marina en San Juan. Román tuvo que ausentarse
de la Isla y le cedió el combo y el contrato a Cortijo, quien
reemplazó al pianista con Rafael Ithier y consiguió
el cantante oficial de la Orquesta Panamericana, Ismael Rivera,
para una serie de grabaciones con el sello Seeco.
En aquellos días Ismael ya había pegado el éxito
"El charlatán" con la Panamericana. Así
que al grabar "El bombón de Elena" con Cortijo
y su Combo el éxito fue inevitable. Su particular estilo
de cantar - típicamente cangrejero - se acopló de
inmediato al ritmo de la agrupación de su compadre Cortijo.
Y juntos alcanzaron la gloria internacional interpretando, cantando
y bailando bomba y plena en la más auténtica de sus
versiones.
Entre los años 50 y 60 popularizaron grandes éxitos,
entre ellos "Quítate de la vía, Perico",
"Maquinolandera", "El negrito bembón",
"En un solo pie", "Tuntuneco", "Con la
punta del pie", "Yo no quiero piedras en mi camino",
"Saoco" y otros legendarios temas.
La primera versión de Cortijo y su Combo se estableció
en 1954 y duró hasta 1962, cuando, en medios de una crisis
interna, varios de sus exponentes siguieron a Rafael Ithier para
formar parte de un nuevo experimento musical que llegó a
llamarse El Gran Combo.
En televisión tuvieron su espacio en "La Taberna India",
"Jueves de Boby Capó" y su show diario por Radio
El Mundo. Alternaron con las orquestas y músicos más
solicitados en los salones de baile de la época, en carnavales
y plazas, entre éstos Vicentico Valdés, Joe Valle,
Xiomara Alfaro, Panchito Riset, El Trío Vegabajeño,
así como con Machito y sus Afro Cubans en el prestigioso
Palladium Ball Room de Nueva York.
Con Benny Moré tocaban en dos y tres espectáculos
diarios. Muchos músicos internacionales procuraban grabar
con su orquesta, entre éstos, Rolando Laserie y Nelson Pinedo.
La salsa, que llega hoy a los más sofisticados salones internacionales
interpretada por reputadas orquestas, tuvo su precursor en Cortijo,
artista de grandes presentaciones en Centro y Sur América,
y en importantes centros de Estados Unidos.
Recibió un sinnúmero de distinciones, entre éstas
un Guaycaipuro de oro en Caracas, Venezuela, como orquesta extranjera
más popular en ese país. Se le considera el creador
del nuevo concepto de combo, con dos trompetas y dos saxofones.
Una de sus mayores aportaciones al folklore musical puertorriqueño
fue "ponerle frac a la bomba y plena", al decir de Ernesto
Vigoreaux, presidente de la Asociación de Compositores. Con
él y su "bonche" los ritmos afroantillanos alcanzaron
resonancia internacional y llegaron al sitial que merecían.
En sus cerca de 40 discos Cortijo y su Combo popularizaron varias
composiciones del maestro Don Rafael Cepeda, entre éstas
"El bombón de Elena", que fue un hit en Francia
y España, "Juan José", "Cuembe, na'
más", "María Teresa" y otras. Como
vocalista popularizó el número de Tite Curet Alonso
"Sorongo" en 1970. Su retrato figura en el Salón
de la Fama de París, de donde eran sus abuelos.
Durante sus 25 años de carrera musical ayudó a formar
una cantera de músicos y artistas alrededor suyo. Cortijo
marcó una nueva era de progreso para músicos y ritmos
tratados con indiferencia, peyorativamente denominados 'menores'
o 'conjuntos', particularmente en Estados Unidos. El apelativo de
'combo' era en sí un apócope de la palabra 'combination'
y los músicos norteamericanos de jazz lo usaban para describir
a los grupos pequeños. Cortijo aceptó el reto y así
le llamó al conjunto de bomba y plena que los transportaría
a la fama internacional.
Su combo le brindó mejores condiciones a instrumentalistas
y cantantes que antes apenas si ganaban diez o doce dólares
por baile. Cortijo y su Combo participaron en varias películas,
entre éstas "Calypso" de Rossi y con Harry Belafonte
de protagonista; en la producción italiana "Mujeres
en la noche"; y en "Maruja", protagonizada por Marta
Romero.
Su última presentación ante las cámaras de
televisión fue el 1ero. de agosto de 1982 a través
de Teleluz.
Cortijo falleció el domingo 3 de octubre de 1982 a causa
de un cáncer en el páncreas y el hígado, tras
una operación realizada dos meses antes. Sus restos fueron
expuestos en la sede del Instituto de Cultura Puertorriqueña
y posteriormente en el Centro Comunal del Residencial Luis Lloréns
Torres, en Santurce, donde se le rindió un homenaje de pueblo
al ritmo de bomba y plena; acontecimiento cultural que hábilmente
recreó el escritor boricua Edgardo Rodríguez Juliá
en su memorable crónica "El entierro de Cortijo",
y que también fue filmdo por la Cinemateca Nacional de Venezuela.
En una procesión multitudinaria, su cuerpo fue sepultado
en el camposanto El Seboruco de Villa Palmeras, en Santurce, donde
también descansa su compadre Ismael Rivera y Pellín
Rodríguez.
Murió sin poder asistir al Festival de Bomba y Plena que
se le dedicó póstumamente unos días después.

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