Minutos antes de su trágica muerte, Fredy Guzmán dejó palabras que hoy estremecen. El joven estudiante de Uniminuto dudaba de ir a clase sin saber su fatal destino.
Foto: Redes sociales
La inseguridad en Bogotá durante este 2026 sigue siendo el tema de conversación en cada esquina, en cada bus y en cada hogar. Las opiniones están divididas y la tensión se siente en el aire. Mientras que las cifras oficiales intentan dar un parte de tranquilidad, la realidad que enfrentamos los ciudadanos de a pie cuenta una historia muy distinta y dolorosa.
Desde la Secretaría de Seguridad se ha mencionado con insistencia que delitos de alto impacto, como el hurto a personas, han mostrado una tendencia a la baja. Sin embargo, cuando caminas por las calles o te subes al transporte público, esa sensación de protección parece desvanecerse ante el primer descuido o ante la sombra de una motocicleta sospechosa.
El miedo no es gratuito. Los robos violentos se han vuelto una constante que marca el ritmo de nuestra ciudad. Ya no se trata solo de perder un objeto material, sino de la violencia desmedida que acompaña estos actos. Bogotá se encuentra en un punto donde las estadísticas y las vivencias diarias simplemente no logran ponerse de acuerdo.
TransMilenio, el corazón de la movilidad bogotana, sigue siendo el punto más crítico de esta crisis. Aunque vemos más cámaras y operativos relámpago, las estaciones y paraderos se perciben como zonas vulnerables. El robo de celulares y el acoso son situaciones cotidianas que, lamentablemente, a veces escalan hasta convertirse en tragedias que nos dejan sin palabras.
En este contexto de incertidumbre, la noticia que conocimos este viernes 17 de abril de 2026 nos ha golpeado muy fuerte. Un joven lleno de sueños, con toda una vida por delante, se convirtió en la cara más amarga de la inseguridad. Su nombre era Santiago Guzmán Cárdenas, y su historia ha despertado una indignación colectiva que clama justicia.
Un crimen que sacude a la ciudad
El fatal suceso ocurrió en la estación de TransMilenio de la calle 80, justo al frente de la universidad donde Santiago estudiaba. Era una noche que debía ser como cualquier otra, marcada por el regreso a casa después de una jornada de estudio. Sin embargo, un intento de hurto transformó ese trayecto en una pesadilla definitiva.
Los detalles preliminares son desgarradores. El estudiante de apenas 19 años fue abordado por delincuentes que, en medio de la sevicia, le propinaron varias puñaladas. A pesar de los esfuerzos, las heridas fueron fatales. El ataque ocurrió en un sector que, irónicamente, es transitado por cientos de jóvenes que, como él, buscan un futuro mejor a través de la educación.
Santiago no era un desconocido para el sector; era un miembro activo de la comunidad de Uniminuto. Se preparaba con entusiasmo para ser ingeniero, una carrera que prometía recompensar el esfuerzo que él y su familia hacían a diario. Hoy, esa silla en el salón de clases está vacía, dejando un vacío imposible de llenar en su entorno.
Este hecho ha encendido nuevamente las alarmas sobre la vigilancia en los entornos educativos. ¿Cómo es posible que un estudiante sea atacado a muerte a pocos metros de su lugar de estudio? La respuesta parece perderse entre la burocracia y la falta de presencia efectiva de las autoridades en los momentos donde más se les necesita.
¿Qué dijo Fredy Guzmán antes de ser asesinado?
Lo que hace esta historia aún más triste es el presentimiento que parecía rondar la cabeza de Fredy Santiago antes de salir. Su rutina era admirable pero agotadora: trabajaba desde el mediodía, salía directo a la universidad y estudiaba hasta las 10 de la noche. Ese viernes, el cansancio físico le estaba pasando factura de una manera inusual.
Según relató su padre en medio del llanto, Santiago le confesó a su novia que no tenía ánimos de ir a la universidad. Estaba exhausto por la carga laboral y académica. Sin embargo, su compromiso con el estudio fue mayor: tenía una clase virtual y un quiz pendiente que lo obligaron a desplazarse físicamente para cumplir con sus obligaciones.
“Si no hubiera tenido ese quiz, mi hijo estaría vivo”, son las palabras que resuenan en la mente de su progenitor. Él recuerda a Santiago como un hijo ejemplar, el motor de su vida y el de sus dos hermanas. Es el relato de una familia trabajadora que ve cómo sus ilusiones son arrebatadas por la delincuencia en un abrir y cerrar de ojos.
Por parte de las autoridades, la coronel Mariam Moreno, comandante de la Policía de TransMilenio, ha salido a dar explicaciones. Aseguró que se está trabajando con el material de las cámaras de seguridad para dar con los responsables. El CTI de la Fiscalía ya tiene en sus manos las evidencias técnicas que podrían llevar a la captura de los homicidas.
No obstante, la indignación aumentó cuando se confirmó que en el momento del ataque no había ningún policía de puesto fijo en la estación. La explicación oficial es que los uniformados estaban atendiendo otro procedimiento en la estación Polo. Esta “ausencia” ha sido el punto de mayor crítica, pues deja en evidencia los huecos en la seguridad del sistema.
Desde Candela Estéreo enviamos un mensaje de solidaridad a su familia y amigos. No podemos permitir que la violencia nos arrebate la esperanza. Queremos escucharte y saber qué sientes ante esta noticia que enluta a todo un país. La seguridad es un derecho, no un privilegio que dependa de la suerte del día.
¿Qué opinas sobre la falta de policías en estaciones críticas como la calle 80? Escribe lo que piensas en los comentarios de nuestras redes, ¡y dale compartir para que este llamado de justicia llegue a todos lados!
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