10 beneficios ocultos de tener un bebé

k2_items_src_c6d0b608d583374cd11630e89e21aa5e

Se ha escrito mucho sobre las dificultades que supone tener un hijo.

Tu vida anterior, tu vida normal, explota; no puedes dormir, hay fluidos del bebé por todas partes y sufres el estrés continuo que implica cubrir las necesidades de un ser que no para de llorar y que no tiene fuerza en el cuello ni control sobre sus esfínteres.

Todo eso es verdad. Tener un hijo es ridículamente difícil.

Pero ser madre tiene sus privilegios.

Sí, hay alegría, un amor muy intenso y una conexión muy profunda. Aunque no me refiero a eso. Estoy hablando de la maravillosa excusa del bebé.

Te puede interesar: Conoce algunas ventajas de dormir desnudo

Por un tiempo limitado, ya sea tu primer o tu cuarto hijo, como madre de una nueva criatura, se te permite gozar de los siguientes beneficios ocultos:

1. No pasa nada si parece que acabas de pasar una semana emborrachándote en un motel. Y ni siquiera tienes que quedarte en casa. Se te permite pasear llevando las mismas mallas, el mismo pelo sucio recogido en una coleta, la misma camiseta con manchas de leche y los mismos ojos de zombi durante días, en sitios concurridos. De hecho, cualquier otra madre que te encuentres en el supermercado un martes a las 9 de la mañana te entenderá y pensará: “Recuerdo esos días. Deja que meta una tableta de chocolate en tu carrito, te lo mereces”.

2. Puedes llegar tarde a todas partes. (Puedes llegar tarde a todas partes incluso cuando no tienes un bebé, pero, con un recién nacido, nadie te lo puede echar en cara). Ser responsable de un bebé es la excusa perfecta e irrefutable para no llegar a tiempo a algún sitio o para no llegar, directamente. Todo el mundo sabe que estás exhausta y fatigada y que probablemente tu bebé ha decidido vomitar y mancharse todo el body justo cuando salíais por la puerta. Es un motivo infalible para no llegar a algún lado, pero especialmente para no llegar a tiempo.

3. Da igual si parece que en tu casa vive una familia de osos. Puede haber cosas tiradas por todas partes. Todo el tiempo. Puede que los visitantes -en vez de juzgar y mirar alarmados a todas las superficies de tu casa, abarrotadas de papeles, pañales, ropa sucia, bayetas manchadas de vómito y regalos que esperas poder devolver antes de que tu hijo empiece preescolar- te ayuden voluntariamente a recoger.

4. No hace falta que devuelvas las llamadas de nadie. (De hecho, nadie espera ni siquiera que cojas el teléfono. ¿No es maravilloso?) Bueno, hay gente que espera que contestes al teléfono, pero puedes parar cualquier atisbo de mala actitud con un: “Perdón. ¿Te ha vomitado alguien en las tetas hoy? ¿Mientras se hacía caca en tu brazo? Bien. Pues avísame cuando te pase”.

5. Puedes librarte del sexo (si quieres). No hace falta que le expliques a tu marido por qué lo único que puede rozar tus partes íntimas es la ropa ancha y cómoda, o que te inventes una razón por la que no te pueda tocar ni con un condón de tres capas.

bebenota

6. No pasa nada si no te acuerdas de las cosas. ¿Recuerdas lo divertido que era echar mano de la excusa multiuso del “cerebro de mamá” cuando estabas embarazada cada vez que tu memoria hacía que te sintieras estúpida? Todavía funciona, chicas. Utilízala sin miedo cuando olvides cumpleaños de amigos, palabras de vocabulario básico como “supermercado” o que en realidad no eres la representante de Ben & Jerry’s.

7. Echarse la siesta siempre está justificado, incluso cuando hay visita. ¿Ya has tenido suficiente visita familiar (pero aún no se han ido)? ¡No pasa nada! Simplemente bosteza y di que te vas a tu habitación. Aunque parezca increíble, en vez de ofenderse, todo el mundo pensará que has hecho lo correcto. Gracias, “duerme cuando duerma el bebé”, eres una frase mágica.

8. Puedes pasar con 62 prendas de ropa al probador cuando vas de compras. Técnicamente no puedes, pero, si vas al probador con las pupilas dilatadas por el pánico que te produce no cumplir tu misión de encontrar una camiseta (solo UNA camiseta que te llegue más abajo del ombligo) antes de que se te empiece a salir la leche o antes de que tu bebé se despierte o se haga caca, ningún dependiente se atreverá a negarte la entrada al probador aunque lleves todas las camisetas de la tienda. Si opone resistencia, puedes proferir un desesperado “¡es que ya no sé cuál es mi talla!” y observar cómo los demás clientes miran con una mezcla de envidia y piedad cómo te dejan entrar al probador con diez veces más artículos de los permitidos.

9. No tienes que cocinar. Ya estás manteniendo a una persona con vida. En algunos casos, prácticamente sin ayuda. Así que di adiós a la pesadilla de trocear alimentos. Y a molestas tareas como medir, mezclar, sazonar y asar. Y di hola a la lasaña congelada, a los nuggets de pollo y a los menús de todos los restaurantes de la zona que hacen entregas a domicilio.

10. Durante gran parte del día, el mando a distancia es tuyo. Tu pareja no se va a poner a ver contigo el reality de turno, pero tu bebé adormilado sí. Sí, ya sé que se supone que deberías estar estableciendo lazos con tu pequeño mientras él mama. Pero estar mirando el moflete perfecto de un bebé también cansa. Así que, ¿por qué no aprovechar los pocos momentos de tranquilidad para ver un poco la televisión?

Tener un bebé es caótico y abrumador. Pero ¿cuándo si no ibas a poder desentenderte de lo políticamente correcto y atraer más atención de la gente? (Gente que te trae regalos y comida). Pues nunca. Todo el mundo sabe que has obrado un milagro y te trata como a una superheroína. Durante un tiempo, todo el mundo está de tu parte. Tienes la empatía de otras madres, familiares, amigos y extraños. Úsala bien.

Advertencia: solo dispones de seis meses para aprovecharte de estos beneficios, así que no lo dejes pasar porque, dentro de poco, el mundo exterior esperará que te depiles, te peines, te laves los dientes antes de las 4 de la tarde y lleves pantalones de vez en cuando. Disfruta de las bajas expectativas que los demás tienen puestas en ti mientras puedas.

Tomado de Huffingtonpost.es