Pocos saben cómo se veía Abelardo de la Espriella sin barba y a qué se dedicaba el candidato mucho antes de ser abogado.
Foto: De la Espriella Style (26/02/2026)
Cada vez falta menos para una nueva jornada electoral en Colombia. Los ciudadanos ya se preparan para votar por quien heredará el cargo más importante del país: la presidencia de la nación. Este evento no es cualquier cosa, pues definirá el rumbo de Colombia en temas económicos, políticos y sociales. Por eso, los ojos del mundo digital están puestos sobre cada movimiento de los aspirantes.
En este escenario han aparecido figuras de todo tipo. Tenemos a los de siempre, con una amplia trayectoria como el senador Iván Cepeda o Paloma Valencia. También suenan nombres como la exalcaldesa Claudia López. Pero lo que realmente ha encendido las redes sociales son las sorpresas. Personajes que vienen de otros mundos, como la periodista Vicky Dávila y, por supuesto, el siempre polémico abogado Abelardo de la Espriella.
Abelardo se ha convertido en una de las mayores revelaciones de esta contienda. Muchos lo consideran favorito gracias a su personalidad arrolladora y su estilo de vida lleno de lujos que muestra sin filtro alguno. Sin embargo, detrás de esos trajes italianos y su impecable vello facial, se esconde un secreto. Un video que ha vuelto a ver la luz muestra a un Abelardo de la Espriella sin barba que pocos logran reconocer.
¿Cuál es la trayectoria de Abelardo de la Espriella?
Mucho antes de soñar con la Casa de Nariño, este hombre ya era un auténtico “showman” en los tribunales. Aunque nació en Bogotá, se crió en Montería, algo que explica su profunda conexión con la cultura costeña.
Durante décadas, ejerció como abogado penalista. No era un defensor cualquiera; se especializó en casos que paralizaban al país. Su nombre aparecía en las portadas de los diarios más importantes de Colombia casi a diario.
Entre las figuras que representó en estrados judiciales destacan nombres que marcaron la historia reciente del país por diversas razones:
- David Murcia Guzmán: El cerebro detrás de la polémica pirámide DMG.
- Los primos Nule: Implicados en el escandaloso Carrusel de la Contratación en Bogotá.
- Natalia Ponce de León: A quien defendió tras el terrible ataque con ácido que sufrió.
- Rosa Elvira Cely: Un caso emblemático de feminicidio que cambió las leyes en el país.
A pesar de su éxito en el mundo legal, Abelardo siempre sintió una atracción por los reflectores. Su talento parece ser una cuestión de sangre, algo que viene directamente de sus raíces familiares en el Caribe.
El hoy candidato es primo del famosísimo acordeonero Juancho de la Espriella. Sí, el mismo que hizo una pareja histórica en el vallenato junto a la estrella Silvestre Dangond durante años.
Esta conexión familiar no es solo una anécdota. Abelardo realmente intentó brillar en la industria musical mucho antes de que lo viéramos debatiendo sobre leyes o política internacional en sus videos de Instagram.
¿Cómo se veía Abelardo de la Espriella antes de ser candidato presidencial?
Para entender el asombro de sus seguidores, hay que viajar un par de décadas atrás. En aquel entonces, Abelardo no era el abogado de las estrellas, sino un joven entusiasta que quería conquistar el vallenato.
Lo curioso es que lo hizo de la mano de un grande. Trabajó como corista para Iván Villazón, conocido en el gremio como “La voz tenor del vallenato“. Participó en canciones que hoy son clásicos de parrandas. Atrás quedaba, al menos por un momento, su supuesto amor exclusivo por la ópera y la música clásica europea. Abelardo estaba ahí, en la tarima y en los estudios, dándole sabor a los ritmos de nuestra tierra.
El tema que lo ha puesto en el ojo del huracán es “Tengo un dolor”. Esta es una reinterpretación del clásico original compuesto por el legendario juglar Alejandro Durán, el primer Rey Vallenato. En el video oficial de esta canción, la sorpresa es total. Se puede ver a un Abelardo de la Espriella sin barba, con un rostro muy juvenil y un look bastante más “criollo” al que nos tiene acostumbrados.
Ya no están las bufandas de seda ni los sombreros finos. En las imágenes se aprecia a un joven entregado al sentimiento vallenato. El momento más impactante ocurre exactamente en el segundo 36 de la grabación.
En ese instante, la cámara hace un primer plano de su rostro. Se le ve entonando los coros con una pasión que pocos le conocían. Sus facciones, sin el vello facial que lo caracteriza hoy, son irreconocibles.
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