Barrios de Colombia con nombres curiosos

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Algunos líderes comunales le contaron a El Tiempo por qué sus barrios llevan estos nombres tan extraños y curiosos y por eso mismo nosotros queremos replicar la información, porque lo que van a encontrar son historias increíbles.

1. Barranquilla – Brinca y pea

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‘Brinca y pea’, es el remoquete que el barrio, fundado hace más de 30 años, adoptó desde la década de los años 90’s porque para atravesar las calles destapadas no teníamos otra manera que saltando con bolsas de plástico para proteger los zapatos. El extraño ruido que a veces producían nuestros saltos hizo que saliera ese desagradable apodo”, explicó Mayerlis Castro, residente del barrio.

2. Cúcuta – Isla de la Fantasía

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En Cúcuta hay un barrio con el mismo nombre de la serie, en la comuna cuatro, ubicado a orillas del río Táchira en la línea limítrofe entre el sector del Viejo Escobal y la población venezolana de Ureña.

La zona, que comprende una sola cuadra en la que actualmente habitan más de 15 familias, fue invadida hace 30 años por personas que buscaban cumplir el sueño de tener un rancho propio en el abandonado lote.

Jorge González, líder comunal del Viejo Escobal, cuenta que en ese entonces a raíz de la serie de televisión el barrio fue bautizado con ese nombre. “Recuerdo que se presentaba una serie famosa en la que salía un enano que se llamaba Tatto. En esa época era común que la gente hablara de ir a la Isla de la Fantasía”.

3. Bolívar – Yuca asada

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En San Jacinto (Bolívar), la tierra de la Hamaca Grande, está uno de los barrios más viejos del pueblo y es cuna de dos grandes glorias del folclor colombiano: el premio Grammy 2012 Rodrigo Rodríguez, y el fallecido acordeonista Ramón Vargas, más conocido como el compadre Ramón.

Rodríguez, ganador del prestigioso premio junto al cantante Juan Piña, señaló que el remoquete de ‘Yuca asá’ se debe a que hubo un tiempo en que la economía familiar se puso dura para todos en el barrio, y les tocaba comer todos los días la yuca asada, “porque no había ni para el agua para cocinarla”.

Lo curioso del barrio es que durante los más de 200 años que tiene de haberse creado, le han puesto varios nombres los mismos habitantes, como Calle 19 o Calle de la Felicidad. Sin embargo, el que ha quedado de generación en generación, es el sonoro y pegajoso ‘Yuca asá’.

4. Barranquilla – Me Quejo

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Andrés Guzmán, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal, explicó que Me Quejo fue un nombre que hizo carrera de forma espontánea en los comienzos del barrio, cuando la inclinada loma que de la calle 82D con carrera 27, que conduce hasta la Avenida Circunvalar, no estaba ni en planes de ser pavimentada.

En ese entonces, relata Guzmán, no había otra forma de subirla o bajarla que a pie, pues ni los animales podían transitarla. “Entonces la gente vivía quejándose de que los buses de transporte público los dejaban solo hasta donde el pavimento llegaba, en otros barrios, y de ahí en adelante tocaba a pie. Ni qué decir de cuando llovía, era peor”, resaltó el líder barrial.

“Algunos en el barrio, los más positivos, quieren que le pongan ‘Me gozo’, pero eso solo queda en proyecto, porque así es que es conocido el lugar donde vivimos y todavía tenemos muchos problemas”, concluyó.

5. Bogotá – Saturno

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“En Saturno somos de otro planeta”, dice Víctor León Parra, mientras prende un cigarrillo y camina frente al salón comunal del barrio Saturno, en la localidad de Fontibón.

Él cuenta que Jaime Lozada, propietario de los predios que en antaño eran potreros, bautizó al sector así en honor a las exploraciones espaciales que se realizaban en los años 60, y a que en 1969 el Apolo 11 llegó a la luna. Tres años después del histórico hecho fundaron Saturno.

“A Saturno no llega nadie, cuando me tomaba mis tragos y cogía taxi me perdía. Los conductores se ríen al decirles que voy para Saturno, piensan que es un motel”, explica el señor de 70 años, quien tiene los ojos chiquitos de tanto reírse.

6. Medellín – El Cucaracho

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El barrio Cucaracho, noroccidente de Medellín, es tan viejo que nadie sabe por qué se llama así. Los habitantes se preguntan por qué tienen ese nombre tan curioso si es un barrio donde la guitarra es una tradición. “De allí han salido grandes guitarristas y fabricantes de instrumentos musicales”, dice Héctor Molina, una de los estudiosos de la historia de la zona.

Este es uno de los barrios más viejos de la capital antioqueña, tiene 135 años. Es tan popular desde sus inicios que Tomás Carrasquilla en su primera novela: ‘Frutos de Mi Tierra’, escrita en 1896, le dedicó un capítulo entero, el 27, titulado ‘Ilusiones y Realidades’. “Cucaracho…¡mire usted que nombre! Y no se tiene noticia, que sepamos al menos, de que ninguna legislatura o asamblea haya tratado de cambiarlo…”

7. Pereira – 2.500 lotes

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Marino Toro López recuerda que fue un anuncio del entonces presidente de la República, Belisario Betancur Cuartas, en Pereira, el que ‘bautizó’ el barrio en el que levantó su casa hace cerca de 30 años.

“Él dijo, palabras más, palabras menos: vamos a entregar 2.500 lotes para que la gente haga 2.500 casas, y así se quedó el barrio, así lo conoce todo el mundo”, rememoró.

Para recibir el lote, que en esa época costó 200 mil pesos, -agregó uno de los fundadores del barrio- las personas lo financiaban pagando, a 15 años, cuotas mensuales de 3.500 pesos.

Ese dinero lo abonábamos al Instituto de Crédito Territorial (que ya no existe), que compró el terreno en la hacienda Cuba.

8. Cali – El Hoyo

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En uno de los barrios más pequeños de Cali, sus 267 habitantes suelen aclarar a los visitantes que escuchan el nombre que no los confundan con ninguna ‘olla’ o zona marginal de la ciudad. El nombre correcto es El Hoyo, que fue el que eligieron los miembros del entonces Concejo de 1964, cuando se instituyó, a pesar de que algunos de sus moradores preferían que se llamara El Manantial.

“El Manantial era el nombre original del barrio”, cuenta Aydee Larrahondo, presidenta de la Junta de Acción Comunal, quien es descendiente de una de las familias fundadoras del céntrico barrio caleño. Esta zona fue uno de los primeros barrios en formarse con San Nicolás, El Calvario, San Juan de Dios y el sector del matadero viejo, donde hace dos siglos vivió una comunidad de artesanos.

Y aunque quienes defendían el nombre de El Manantial porque el barrio era bañado por un brazo del río Cali que desapareció con el paso del tiempo, el Concejo prefirió optar por El Hoyo, porque en sus calles hay un hundimiento, al parecer porque el sistema de alcantarillado data de 1928 y aún no ha sido reemplazado. Esa depresión está ubicada en la calle 17 con carreras 2 y 3.

9. Bogota – El Cuco

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“El barrio se fundó en los años 60, y cuando eso había como cuatro o seis familias”, cuenta don Eugenio Peña Gómez, presidente de la Junta de Acción Comunal desde hace 18 años, mientras caminaba en la tarde del jueves en la búsqueda de los vecinos más viejos en el barrio, para debatir con una reportera de este diario porque le pusieron ese nombre al vecindario.

Al encuentro, en la casa de Peña, asistieron 4 personas que llevaban viviendo en El Cuco más de 40 años, quienes concluyeron que el nombre se dio por la pequeñez y comodidad del barrio: tal como lo definiría la RAE, Cuco: pulido y mono.

Así lo entendieron ellos, o al menos el fallecido Jorge Prieto, personaje que según el debate de dos horas que hubo en la casa de Peña, fue quien propuso esa singular denominación para el barrio.

10. Cali – Charco Azul

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El charco azul. Así, hace más de 40 años, se refirieron los primeros moradores de una zona del Distrito de Aguablanca a una laguna que resaltaba por ser el espejo del firmamento.

La laguna perdió terreno por los asentamientos que se formaron a su alrededor y por el depósito de aguas residuales de una población que, en 1989 y luego de que empezara a tener servicios públicos y a pavimentar algunas de sus calles en el oriente de Cali, conformó el barrio con el nombre de Charco Azul, hoy con unos 15 mil habitantes.

Mariluz Giraldo, presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio, dijo que para definir el nombre hubo desacuerdos porque los fundadores pretendían que fuera Brisas del Lago.
“Era una zona con espejos de agua. Eran muy extensos, tenían corriente y las rodeaban árboles gigantescos. No puedo olvidar ese bellísimo color azul claro de sus aguas, donde la gente solía ir a pescar”, dijo Mariela González, una moradora. En esa laguna de Charco Azul se organizaron, incluso, pruebas de canotaje. Eso fue en 1971, cuando esta y la laguna El Pondaje, en ese mismo sector del oriente de esta capital fueron escenarios deportivos.

Fuente: El Tiempo